Año de nieves, ¿año de bienes?

Fuente. El Diario de Valladolid (El Mundo). Loreto Velázquez

Al igual que muchas ciudades de España, la Ribera del Duero ha vivido estos días una nevada histórica de la que todavía se está recuperando. La pregunta es obligada. ¿Se cumple el dicho de año de nieve, año de bienes? Para los expertos no hay duda: sí es beneficiosa para casi todos los cultivos, incluida la vid.

Siempre hay excepciones y en este caso, las viñas que más riesgo corren son las plantaciones más jóvenes. «Por debajo de los 15 grados bajo cero pueden sufrir daños», advierte consciente de que el mayor riesgo llega con las bajas temperaturas.
Desde la asociación enológica de la Ribera, un colectivo que agrupa a un centenar de enólogos, la nieve «es agua útil cien por cien». «A diferencia del agua de la lluvia, que se pierde por las laderas, va a esponjar mucho el suelo y eso es muy bueno», indica Jaime Suárez.

Aunque parezca que el mundo se ha detenido con la última nevada, no es un fenómeno extraño en esta zona vinícola. «Hay nevadas registradas en la serie histórica hasta finales de mayo y abundantemente en el mes abril», subraya Agustín Alonso, con la mirada puesta en años como 1975, con seis nevadas en abril o 1972, con cinco.

En el mes actual, enero, el mayor número de nevadas se produjo en 1978 con un total de diez nevadas en la Ribera del Duero. En febrero, sin embargo, es el mes más propicio históricamente para las nevadas. Entre 1963 y 1990, solo se salvaron los años 1966, 1971, 1980, 1985 y 1990.

Tampoco es anormal el frío que hace. «En 2010 yo vi por ejemplo -19 grados en Roa», recuerda.

Si la nieve es buena para casi todos los cultivos por sus beneficios hídricos y protectores, el hielo ya es otra cosa. «Es verdad que al igual que la nieve se aprovecha bien pero no tiene efecto aislante porque no tiene las células de aire que se produce entre los copos», argumenta el experto.

Dicho esto, ¿cómo funciona el hielo? Hay dos formas: el efecto ‘cuña’ se produce cuando el agua helada penetra en los suelos de piedras, se mete en las rendijas y al congelarse rompe la piedra. En cambio, si la helada se produce en primavera cuando la planta está verde, congela el protoplasma, los cristales se desgranan en membranas y «todo muere».

Así ocurrió el 27 de abril de 2017 cuando en la madrugada, las temperaturas se desplomaron durante horas hasta los seis grados bajo cero, provocando la merma de un 60% de la cosecha. La vendimia se limitó así a 55 millones de kilos de uva, 78 millones menos que en el 2016, cuando se batió un récord en volumen. Ribera no fue la única; también afectó a otras zonas relevantes como La Rioja, Navarra o comarcas de la Comunidad Valenciana. Fuera de nuestras fronteras, la adversidad climática hizo estragos en países como Francia.

Sin llegar a ser históricas, las heladas son peligrosas sobre todo para las plantas más jóvenes. «Al mantener ciertas cantidades de líquidos dentro pueden reventar por el hinchazón (efecto cuña)», explica al recordar que para evitar estos destrozos la propia planta activa un mecanismo de defensa que consiste en movilizar las reservas hasta las raíces dejando la parte aérea sin circulación de savia.

Más preguntas. ¿Afecta igual una nevada en enero que en mayo? Según el enólogo de Dominio de Atauta y miembro de la junta directiva de Enoduero, Jaime Suárez, más que depender de si cae una nevada en marzo, cuando la viña está dormida o a partir de abril, cuando se activa el ciclo, lo más determinante son las temperaturas. «Si son muy bajas y la planta está brotada se helarán los brotes y se perderán. La planta sacará unas segundas yemas pero ya no son las primeras», señala.

Junto a la capacidad hídrica y aislante de la nieve, Suárez y Alonso coinciden en resaltar una última ventaja: la nieve ayuda a limpiar las posibles plagas presentes en la parte aérea de la planta como sarmientos, yemas y tronco.

El dicho ‘año de nieves, año de bienes’ se extiende a otros cultivos que encuentran en este fenómeno meteorológico una despensa hídrica para el invierno. «Viene muy bien para todos los cultivos, sobre todo el trigo, la cebada o la avena», explica el director técnico del Consejo Regulador, sin olvidar que si la nevada es extrema sí puede haber daños en la madera. «La última nevada en principio no debería afectar al viñedo», concluye.

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