Cinco enólogas de Enoduero analizan en prensa el papel de la mujer y el futuro de la DO

Fuente: El Correo de Burgos/ El Mundo

Empezaron siendo unas pocas pero hoy, las enólogas de la Ribera del Duero tienen un peso específico en un mundo que hasta hace muy poco era de hombres. Así, aunque afortunadamente se han dejado atrás creencias arcaicas como cuando se pensaba que una mujer no podía vendimiar cuando tenía la regla porque se cortaba la fermentación, todavía queda mucho por hacer.  “Es cierto que la mayoría nos escucha y nos tiene en cuenta, sobre todo nuestros compañeros enólogos – que nos ayudan muchísimo-, pero en niveles inferiores de responsabilidad, a algunos todavía les cuesta aceptar que una mujer esté por encima”, lamenta la enóloga, Mariví Tobes.

Todas coinciden: ha pasado lo peor pero todavía se dan muchos casos de machismo. “Cuando empiezas no sabes casi por dónde te da el aire y hasta que te asientas las pasas canutas. Lo importante es tener las cosas claras”, recomienda la enóloga, Isabel Montes.

La presencia de las mujeres en Ribera es un hecho. “La mujer profesional aporta el detalle”, defiende la enóloga, Mª Pilar Melado Soriano, a sabiendas de que en las bodegas pequeñas – que son muchas en la Ribera- la organización lo es todo. “Hay que reivindicar el papel de la mujer”, apremia porque “somos buenas catando y somos más detallistas y cuidadosas”.

Su compañera, la joven enóloga, Rebeca Tomé, se muestra esperanzada porque las mujeres han llegado para quedarse. “Cuando estudié hace tres años, el 80% eran mujeres”, destaca. “Las mujeres aportan frescura e innovación”, añade la también enóloga, Silvia Herrera.

Retos

Ninguna lo pone en duda: Ribera del Duero se encuentra en un punto de inflexión que debe aprovechar para crecer.  “Hemos avanzado muchísimo pero hay que dar un paso más a nivel institucional y el Consejo Regulador tiene que ampliar el abanico de variedades”, insta Mariví Tobes, con la mirada puesta en el cambio climático. “De aquí a unos años vamos a tener que plantearnos otra manera de elaborar”, advierte mientras pone como ejemplo todos los vinos de la variedad Syrah que están conquistando al consumidor y que a pesar de hacerse en Ribera del Duero no pueden adherirse al marchamo de calidad.

Pero, ¿qué pasa con los blancos? “Es una cosa minoritaria de pequeñas producciones pero Ribera del Duero se caracteriza por tintos y ese debe ser nuestro caballo de batalla”, responde, Mª Pilar Melado Soriano, al recordar Rueda, una Denominación de Origen que todavía se arrepiente de cada cepa tinta que plantó en su día. “El que mucho abarca poco aprieta”, afirma.

No es el único reto: conquistar a los jóvenes es una asignatura todavía pendiente. “Hay que incentivar al consumidor joven para que el vino forme parte de su vida y solo lo conseguiremos si deja de ser un tabú; hay que disfrutarlo”, anima la enóloga, Rebeca Tomé.

Elaboración

En estos 35 años de historia, la evolución de la Ribera del Duero ha sido constante. “La elaboración ha cambiado muchísimo y la llegada de las nuevas tecnologías nos ha dado más herramientas para controlar todo el proceso”, explica Mª Pilar Melado Soriano, convencida de que el papel del enólogo es estar quieto cuando las cosas van bien y actuar cuando algo va mal. Eso sí, “siempre con herramientas legales”.

El debate se vive en estos momentos desde la tranquilidad de tener la uva metida en la bodega de una campaña de calidad y cantidad. “Hace tiempo que la gente no estaba tan contenta”, celebra Silvia Herrera, a sabiendas de que la profesionalidad ha servido para afrontar el problema de la irregularidad en la maduración. “Ahora podemos celebrarlo pero ha sido un año complicado en el que la labor del enólogo ha sido determinante”, puntualiza Isabel Montes, consciente de que los momentos más delicados son la vendimia, el embotellado y las malolácticas.

Con la esperanza de que algún día el vino le gane la batalla a la cerveza, estas enólogas entienden que no hay que cerrarse a una única filosofía de vino. “Está muy bien hacer crianzas o vinos de autor que reflejen al cien por cien el espíritu Ribera, pero no hay que perder de vista que las bodegas son empresas y que también hay que adaptarse a lo que pide el consumidor. Creo que hay posibilidad de hacer los dos perfiles siempre que tengamos claro que la calidad es lo primero”, termina Silvia Herrera.

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